VIB Montemar - Escuela Infantil en Montecarmelo

Seguridad y confianza en uno mismo, por Laura Ruescas - Montemar

Psicopedagoga

Seguridad y confianza en uno mismo, por Laura Ruescas

A medida que crecemos, nos damos cuenta de la importancia que tiene forjarse una buena autoestima y autoconfianza durante la infancia.

El día a día nos obliga a tener un encuentro con nuestro interior a la hora de tomar decisiones, saber lo que queremos y sentirnos a gusto con nosotros mismos. Todo esto está estrechamente relacionado con nuestro autoconcepto y, por supuesto, con la seguridad en nosotros mismos.
¿Cómo hacemos, entonces, para que nuestros peques desarrollen esta seguridad en sí mismos de forma natural y fácil?

Como todo lo relacionado con la infancia el ejemplo es la clave para ellos.

Como padres y madres les decimos a nuestros hijos lo que está bien y lo que está mal, lo que se puede y no se puede hacer, lo que nos gusta y lo que no. En este momento, nos empezamos a dar cuenta, como adultos, de la importancia que conlleva el tener las cosas claras. Es esta seguridad en nosotros mismos la que hay que reforzar para que nos vean como a un referente.

Decirles «no» a nuestros hijos es sinónimo de «límites marcados con amor». A veces se frustran, otras insisten, pero en cada uno de estos momentos tenemos recursos para responder. Estar presente, escuchar y atenderles es la primera parte; saber dónde está el límite es la segunda.

Podemos transigir si lo negociamos con claridad, expresando nuestra conformidad. Por ejemplo: «Vale, cuando te comas esto te dejaré ver la televisión un rato». Lo mismo se puede aplicar a cualquier otro trato que les atraiga —y que sea posible—. Es importante recordar que es preferible enunciar la frase en positivo (como el ejemplo anterior) en vez de en negativo: «Si no te comes esto no puedes ir a ver la televisión». ¿Por qué? Porque, en este ejemplo concreto, ellos se quedan con la información de que no les vamos a dejar ir a ver la televisión, sin darse cuenta de que tienen otras opciones.

Por otro lado, cuando la negociación no sea una opción, lo que hay que hacer es darle importancia a nuestra palabra. Esto es, predicar con el ejemplo. Cuando eso sucede, nos estamos dando valor a nosotros mismos, nos estamos valorando.

A medida que crece nuestra valoración personal, nos sentimos más capaces de establecer las normas y los límites planteados, aceptando el malestar de nuestro hijo/a ante el resultado con paciencia y aceptación. Esto forma parte de la tolerancia a la frustración, que les ayuda a ver y sentir esa coherencia interiorizándola como parte de sí mismos. De esta forma, aprenden a decir «no» cuando no desean algo y a dar su opinión cuando quieren expresarse y que se les tenga en cuenta. Todo forma parte de la misma rueda, que comienza en el adulto, quien acompaña al niño con amor y seguridad para que el día de mañana sea capaz de ser quien es y demostrar todo lo que vale.

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